Día 1

Abril 14, 2008

La semana pasada estuve en casa de mi madre y me subí a la báscula. Casi me caigo del susto al comprobar que la aguja marcaba 101 kilos. Dios Santo Bendito.

Había engordado. Mentiría si dijera sin enterarme, pero estaba claro que se me había ido de las manos.

Casi 20 kilos de más sobre mi peso ideal suponen muchos paquetes de azúcar de La Azucarera adosados a mi cuerpo.

No sólo quiero perder peso por una cuestión estética, o porque ya no me pueda poner la mayoría de mis pantalones. No. Es una cuestión de salud, de encontrarme bien conmigo mismo: de no sofocarme al caminar al trabajo, de no sudar a la mínima de cambio, de verme el pito cuando meo.

No creo en dietas milagro. Los ingredientes van a ser bien sencillos: comer menos y hacer ejercicio. Me he comprado una báscula, y he sacado mis viejos bañadores para ir a la piscina.

Como decía Francisco Grande Covián, “hay que comer de todo pero en plato de postre”. Y eso es lo que voy a hacer, o por lo menos esa la idea tengo.

14 de abril de 2008: 102,7 kilos

Menú:

Desayuno: Cereales con leche.

Almuerzo: Una manzana reineta y un kiwi.

Comida: Espinacas con patatas y 75 gramos de ternera a la plancha.

Cena: Tortilla a la francesa de un huevo, y un yogur de frutas.

Piscina: 700 metros

700 metros, muy suaves.

4×25 crawl.

4×25 braza.

4×25 espalda.

1×100 crawl.

1×100 braza.

1×100 espalda.

100 suaves.